La Boca: simple y a color

La Boca: simple y a color

Me acomodé la mochila, subí al colectivo y activé Google Maps. Era primera vez que subía sola arriba de un colectivo en la ciudad de Buenos Aires. Más aún, la primera que me iba sola de paseo. Y a La Boca. No es casualidad que, después de ocho horas de viaje y con poquísimas horas de dormir en una butaca incómoda, decidiera no quedarme a descansar y salir, en mi primer día de vacaciones bonaerenses, hacia el barrio La Boca. Ojalá lo visite muchísimas veces más. Sospecho que nunca me voy a cansar de recorrer esas callecitas inundadas de color.

Me gusta lo simple del barrio.

Que a pocos metros de Caminito –lugar histórico que recibe todos los días a centenares de turistas-, una vecina esté sentada en la vereda de su casa tomando mates.

Que una familia arme la Pelopincho* en la vereda porque, al parecer, no tienen espacio en otro lado.

Que una señora me dijo que sí, que podía fotografiar tranquilamente y sin problema la ventana de su casa que me parecía hermosa.

Que no importa si los colores de las paredes de la casa combinan o no.

Que el señor del carro de choripanes me rebajó veinte pesos del precio original de un sándwich de bondiola solo porque le indiqué que en el carro vecino costaba menos.

Que los vendedores –en locales o ambulantes- intentan hablar en idiomas tales como inglés o portugués, sin poner mucho empeño en la pronunciación o la fonética. La idea es hacerse entender. Y punto.

Todo eso me gusta. Me encanta.

Y estos son algunos tips sobre qué hacer en La Boca, sin entrar a ningún museo ni a La Bombonera (sepan entender, soy de River).




* Caminito por el barrio

Sí, Caminito es hermoso y quizás lo más representativo de La Boca. Si cortan ahí, es probable que en dos horas ya puedan irse contentos y satisfechos del paseo. Pero el barrio no se agota ahí y pasear por las manzanas aledañas a Caminito es una opción para alargar la caminata, salir del circuito turístico –por chiquito que sea o parezca- y acercarse también a la vida cotidiana de los vecinos. Porque estén seguros que una pileta Pelopincho en la vereda de Caminito no la van a ver.

* ¡Foto, foto, foto!

En este viaje a Buenos Aires y, en particular, al paseo por La Boca fue decidida a sacarle el máximo provecho a mi cámara de fotos (que no tenía la vez anterior que viajé, en 2014). Podría haber fotografiado un millón más de cosas, pero cuando terminé el paseo, sentí que había logrado hacerlo como quería y eso significaba tener la percepción potenciada a mil. La Boca es un museo a cielo abierto, con una sobreabundancia de cosas por todos lados y a eso, súmenle los colores.

*A los conventillos

Los conventillos son edificaciones que, durante la primera mitad del siglo XX, fueron las viviendas tradicionales de los inmigrantes que llegaban al puerto de Buenos Aires. En cada conventillo, hay un número de habitaciones que en otro tiempo fueron el hogar de los recién llegados inmigrantes y ahora tomaron forma de locales comerciales donde se vende de todo. A saber, entre otras cosas: imanes para pegar en la heladera, vinos, mates, lapiceras, llaveros, camisetas de Boca (y de River, San Lorenzo, Independiente, porque a la hora de vender, todo vale), alfajores, adornos de cerámica, resina, hierro y madera. Vuelvo a remarcarlo, DE TODO.

Mientras yo caminaba – mucho-, fotografiaba –también mucho-, entraba y salía de los conventillos, otros que andaban de paseo por La Boca:

Escuchaban atentamente e intentaban descifrar el mensaje, del vendedor de choripanes que, en un inglés rústico, les decía “This is barbacoa!”.

Se ponían en pose junto a Maradona o Gardel para llevarse un recuerdo del paso por el barrio.

Hacían una selfie con los conventillos de fondo.

Elegían acuarelas pintadas a mano por un artista que se encargaba él mismo de venderlas en un puestito callejero.

Se animaban a dar unos pasos de tango junto al mozo de un bar.

Buscaban en el teléfono indicaciones para llegar a La Bombonera.

Cuando sentí que los pies me empezaban a doler, no aguantaba más el calor de las tres de la tarde y el cansancio de una noche prácticamente sin dormir  estaba agotándome, me topé con este cartel:

Por eso La Boca es, para mí, un lugar mágico. Y por eso voy a volver. Una y otra vez. Así, siempre.

Datos útiles:

*Transporte (cómo llegar): lo más recomendable es utilizar la aplicación móvil Cómo llego. Ya sea que vayas caminando, en auto o en transporte público, la app te pide que ingreses tu ubicación y el destino (si pones “Caminito”, la aplicación lo reconoce como “lugar de interés”) para ofrecerte los caminos para llegar o las líneas de colectivos/subtes que necesitas tomar. Recordá que si te manejás en transporte público, necesitás la tarjeta SUBE (se compra y recarga en quioscos –algunos, no todos- y en estaciones de subte).

*Comida: hay opciones varias, desde comida en puestos callejeros hasta menúes completos en restaurantes. Si la abundancia te acompaña, adelante, entrá donde quieras. Si no, con un presupuesto acotado, podés optar por la comida en los puestitos de la calle o caminar por las manzanas aledañas a Caminito y encontrar comedores o bares más pequeños y menos costosos.

*Compras: me harté de ver las mismas cosas en todos los negocios. Si estás buscando regalitos para llevarle a tu familia o amigos, o simplemente querés comprarte algún recuerdo de La Boca, mirá las opciones en dos o tres locales y elegí lo que más te guste, comparando los precios. Pero por lo que ví, la mayoría de los negocios tienen mucho de lo mismo y a precios similares.

(*) “Pelopincho” es una reconocida marca de piletas de lona.

¡Hasta el próximo paseo!

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