#Disparador: El invierno me trajo nieve y trabajo

#Disparador: El invierno me trajo nieve y trabajo

El invierno del 2007 fue histórico. Y, para mí, en esa época viví una de las semanas más emocionantes de mi vida. Un lunes a la noche estábamos embelesados con mis papás en casa, viendo cómo caían unos pequeñísimos copitos de nieve y exactamente cinco días después, volví a casa con una sonrisa gigante por haber cobrado el dinero de la primera semana en mi nuevo trabajo.

Después de terminar la secundaria, pasé varios meses revisando los clasificados en diarios, consultando entre conocidos y buscando algún trabajo que me permitiera ocupar el tiempo libre que me dejaba el estudio. Repartí miles de volantes para una escuela de informática en el lapso de 15 días y me fui para ser la asistente de un fotógrafo. Sí, muchos pensarán que es un trabajo súper cool, pero no. Al menos este no lo fue: iba de un lado para el otro, en bici y cargando un caballete de madera con afiches publicitarios. Aún hoy no encuentro la explicación de cómo lograba transportarme con todo ese equipaje en solo dos ruedas y pedaleando a más no poder.

Hasta que un clasificado glorioso decía algo así “señorita para tareas varias en correo privado”. ¿Y adivinen quién fue a presentarse ahí? Era lunes 8 de julio, por la tarde. El correo ya había cerrado y, al otro día, era feriado. No tenía otra alternativa que esperar hasta el miércoles.

El lunes a la noche, cayeron los primeros copos de nieve. “Las últimas nevadas en la ciudad se registraron en la década de 1960…”, decían los medios locales. Y la alegría no nos cabía dentro del pecho. Una noche fría, oscura, pero memorable. El 9 de julio, aniversario de la declaración de la Independencia argentina, nos recibió con un manto blanco en el suelo y una llovizna finísima. El único que no estaba contento en casa era Toby, el perro, que buscaba cualquier escondite hacia donde huir del frío cruel. Los demás, no podíamos despegar los ojos de la ventana.

El miércoles salí a la calle más que entusiasmada. Tomé un colectivo y llegué hasta el lugar donde debía dejar mi curriculum. Después de un breve y para nada inquisidor interrogatorio, me dijeron que me presentara al día siguiente. ¡SÍ, EL TRABAJO ERA MÍO! Por esas horas, la nieve empezaba a derretirse y cuanto menos copos íntegros quedaban, más aumentaban los peligros.

Mi primer día de trabajo lo pasé arriba de la bicicleta, con una mochila color violeta cargada de sobres, haciendo equilibrio mientras esquivaba los pedazos de hielo en la calle. Las esquinas eran un arma de doble filo y después de tres horas donde volví con la mochila vacía, tenía la cara tensa y con la sensibilidad bajo cero.

Desde ese mes de julio, nunca volvió a nevar en los años siguientes y, aunque cambié varios trabajos, ninguno tuvo el privilegio de comenzar durante el invierno. Quizá la próxima nevada, me traiga nuevamente un primer día en algo.

>> Este es un disparador de escritura propuesta en 365 ideas of writing prompts. El disparador dice así: escribí sobre tu primer día en algo (la escuela, un trabajo, una relación, un viaje, lo que sea…)

*La foto de portada pertenece a este blog.


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