#Disparador: lo que un objeto cuenta o relata acerca de vos

#Disparador: lo que un objeto cuenta o relata acerca de vos

El comienzo de año trae de vuelta al blog los disparadores de escritura creativa. Prometo (firmemente) que esta sección de Subjeta tendrá actualización frecuente y también estoy pensando en unos mini disparadores -exprés, cortitos o como quieran llamarlos- para publicar en las redes sociales. Peeero, no nos adelantemos a eso que cuando haya novedades se las voy a contar 😉

Entonces, vamos al disparador que les quiero compartir en este post. Y dice así:

#Disparador: Escribí acerca de lo que un objeto/una cosa relata, dice o cuenta acerca de vos. No importa la extensión o qué sea. Puede ser algo que esté cerca tuyo, por ejemplo. Yo elegí escribir un relato sobre parte de mi rutina diaria en la mañana vista y relatada por la crasa -algunos las llaman suculentas- que tenía arriba de mi escritorio.



A esto lo escribí en septiembre del 2015, cuando todavía era freelancer full time y vivía en la casa de mis papás. Desde ese momento hasta hoy, cambiaron bastantes cosas. Esto relataba la crasa sobre mi rutina…

“¿Qué pasa, Lupe?”, le dice a su perra. Lupe la mira con ojos tristes. Está echada en el suelo, el hocico apoyado en las patas y la mira. Sabe que le está hablando a ella. Es casi con la única que articula palabra, excepto alguna llamada telefónica que la despabila y obliga a decir algo.

Está sentada frente a la computadora. Hace más de dos horas que después de posponer la alarma del despertador dos o tres veces -la verdad es que casi todos los días pierdo la cuenta de la cantidad de veces-, está sentada ahí. Cuando salió de la cama, abrió la ventana, me miró con una sonrisa forzada y triste -si, porque no todas las sonrisas son de pura alegría- y se fue.

Volvió después de un rato, con una taza blanca en la mano. En la otra, traía dos bizcochos envueltos en una servilleta. Prendió la computadora y se sentó. Hoy se olvidó de poner música.

Inmersa en el silencio, con los codos apoyados en la mesa y sosteniéndose la cabeza con las manos, miró hacia afuera. ¿Hacia dónde? ¿Qué ve? El patio de su casa. Y lo hizo con esa mirada típica de cuando busca motivación en algún punto perdido del afuera.

Hoy no pasó, pero desde hace algunas semanas, corta la rutina de la mañana con una tarea que consiste en abrir cajones, remover papeles, ver una por una cada prenda de ropa y las selecciona tirándolas en montoncitos que se desparraman por el suelo. Acá, lo que es para regalar; más allá, cosas que quizá pueda vender; un poquito más lejos, todo lo que va a tirar. Sin olvidar, claro, el montoncito de lo que quiere conservar.

Y así se despoja lentamente de casi todas sus pertenencias, como si quiera que el montocito de las cosas a conversar le entrase en una mochila, para cargarla y llevársela por ahí. Se despide, y de a poco, de este que durante tantos años fue su lugar en el mundo. Pero ya no lo es.

Ayer me puso en una maceta nueva y estoy feliz. Sé que el solo hecho de cambiarme de lugar fue para ella un momento de relajación y de alegría. Sé que me quiere y se alegra cuando me ve cada día más alta. Siento felicidad al saber que se da cuenta de que, gracias a ella, estoy creciendo. Yo también estoy feliz de ver cémo ella esté creciendo, aunque de eso aún no se de cuenta.

Están invitados a llevarse este disparador y empezar a escribir. En un cuaderno, en una libreta o en un papelito que encuentran por ahí. ¡Todo sirve! =)

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