#YNosDieronLas12- Entrevista a Cristina Loza en 12 preguntas

Cristina Loza: “Yo sé cómo era el pasado pero puedo cambiar la manera de recordarlo”

Cristina Loza: "Yo sé cómo era el pasado pero puedo cambiar la manera de recordarlo"

La escritura la acompañó desde pequeña, pero la vida la llevó a Cristina Loza por otro camino, hasta que la encontró de frente a su gran pasión, y pudo dedicarse a ello. Estudió para ser auxiliar de medicina y trabajó 25 años en un consultorio. De ahí, dice, le quedó mucho material para desgranar en sus historias.

En 2002, publicó su primera novela, “Malasangre” y de allí no paró, hasta llegar a su último libro, “Adorado John”. Por estos días, tiene terminada su nueva novela “El año de las glicinas”, que verá la luz dentro de poco, de la mano de Emecé, sello de Grupo Planeta.

Le dimos 12 preguntas a Cristina y estas son sus respuetas. Pasen a conocerla…

1-¿Cuál fue el momento en el cual supiste que ibas a ser escritora?

No hay un momento, sino que se te da un don. Yo enviudé a los 32 años y, como dice un amigo mío, a veces hay que elegir entre la pluma y el tenedor.  Cuando eran los años ’70 quise ser periodista, pero la universidad estaba convulsionada en ese momento.

Nos criaron con el tema del servicio, del servir al otro, y por eso empecé auxiliar de medicina. Nunca me arrepentí,  trabajé 25 años en mi consultorio y así mantuve el hogar. Ese trabajo me dio la oportunidad de estar cerca del ser humano, de conocer el dolor, de tocar músculos agarrotados, paralíticos. Eso también te da base para las novelas.

Luego sí, pude dedicarme a escribir a tiempo completo dejando el consultorio de lado. Después de siete novelas, sé que esto es lo mío.

2-¿Hay algún ritual para potenciar la creatividad o cuando te sentás a escribir?

No tengo rituales. Vivo en una pajarera, con planta alta y baja.  Desde la ventana de la parte de arriba se ven muchos pájaros y a mí me encanta sacar fotos, que es una antesala para escribir. Necesito sacar fotos,  registrar esos instantes perfectos y ni qué decir cuando empiezo a perseguir colibríes. Un cuaderno que está en la mesa de luz, una frase que estuvo resonando en mi cabeza a las tres de la mañana,  todo puede ser importante para después crear un personaje, por ejemplo.

Cuando me toca entregar la novela, voy acelerando.  Escribo en la peluquería, en un remís, en un viaje. Tengo la capacidad de abstracción.

3-¿La personas de tu entorno inspiran personajes, anécdotas?

Todo escritor se basa en lo conocido. Es como una onda concéntrica, de la misma manera que cuando tirás una piedra y cae en el agua. Empezás a escribir desde  lo conocido y después te metés a lo desconocido.

Me gusta ir hasta el hueso del personaje. Hay cosas de mis abuelos, de mis padres, incluso dos tías me dejaron de saludar por un par de libros, pero luego volvieron. Por ejemplo,  en “Malasangre”, el personaje del abuelo es el que yo quería tener. Y entonces,  si al mío verdadero no me pude acercar, a este le puse ternura; si mi abuelo estaba en silla de ruedas, en la novela lo hago caminar. Yo sé cómo era el pasado pero puedo cambiar cómo recordarlo. Escribo y creo lo que quiero.




4- ¿Te arrepentís de algo que le hayas hecho hacer a tus personajes?

No, nunca. Me pasó con “El revés de las lágrimas”, cuando maté a Conrado, que me denostaron las lectoras, porque era dulce, hermoso.  En “El oso de Karantania”, se mueren 5 personajes en el primer capítulo, pero no me arrepiento. Sí cuando son cercanos, como en “La hora del lobo”, es duro. Pasé unos días y no había manera de encararlo. Pero el personaje tenía que desaparecer de la historia.

5- ¿Cuál género te gustaría escribir que aún no lo hayas hecho?

Cada novela se arma dentro de mí, está dentro mío, me espera. En mi nueva novela,  los personajes tienen mi edad, problemáticas propias de tener más de 60, cosas que me están pasando ahora y las estoy escribiendo, son tan reales.

6- ¿Libros en papel o ebooks?

Papel. Necesito el cuerpo físico. Es compañía, está ahí, al lado de la cama.

7- ¿Qué aroma te transporta a otro lugar o hace recordar un momento?

El pan. En “El oso de Karantania” escribo que no hay olor que calme más el miedo que el olor a pan recién horneado. Porque te recuerda al hogar, a seguridad. Tener el pan en la mesa era muy importante, es la sensación de estar viva.

8- Recomendános un libro para leer en un fin de semana lluvioso

“Los peligros de fumar en la cama”, de Mariana Enríquez. También recomiendo los cuentos de Federico Salto. Ambos autores son muy buenos y argentinos.

9- Si tuvieras que dar un libro en adopción, ¿cuál elegirías?

“La importancia de vivir”, de Lin Yutang  o “Colmillo blanco”, de Jack London, al que nunca pude regalar, por eso pediría que lo cuiden mucho. También podría ser alguno de Jhon Berger o la colección de Robin Hood.

10- ¿En qué lugar te gustaría presentar tus libros o a qué idioma traducirlos?

Estoy muy deseosa de que “El oso de Karantania”, se edite en esloveno. El gobierno de Eslovenia me dio la ciudadanía reconociendo el libro como un servicio al país, porque  ahí está todo lo que significó la Primera Guerra Mundial. Los personajes son parientes de mi madre, me gustaría que se lean.  Incluso en el libro está una canción que me escribió en un cuaderno una prima de mi mamá, en su idioma original.

11- ¿Escuchás música cuando escribís? ¿Cuál género es tu favorito?

Música clásica. Cuando escribí “El revés de las lágrimas”, escuchaba a Madame Butterfly, con parlantes, a todo volumen. Ahora escucho mucho piano. De Chopin, todo. No puedo escribir sin música.

12- ¿Cuáles son las 3 cosas sin las que no podrías vivir?

Mi cámara de fotos, un lápiz labial y una lapicera con papel.

Recomendado: Si los entusiasmó la entrevista y quieren leer una historia de Cristina, les recomienda “Mariposas griegas”, editado por Emecé en 2012.

La historia tiene como protagonista a Antonia, quien acompaña en la agonía a su marido Rafael, internado en una clínica. Página tras página, la mujer recuerda momentos de esa relación que nació casi como algo prohibido y llegó hasta allí, en la antesala de la muerte. Antonia hila a través de la historia, los momentos vividos con los que día a día vive al lado de su marido, en la cama, con una esperanza de vida que se va diluyendo.

Este libro me gustó por la intensidad de la narración, teniendo en cuenta el momento sensible en la vida de una persona que aborda: la muerte. Es conmovedor y, a la vez, muy tierno.

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